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“Trauma” y estructura psíquica – Primera parte

autores@psyche-navegante.com
Paula Larotonda
  y Daniel Ripesi

Freud pasa del principio de constancia, que supone una acción específica que podría reinstalar un estadoideal de estabilidad, que podría cancelar la tensión, cambia la tendencia a la estabilidad por la realización de deseo, pasa del principio de constanc
Primera teorización freudiana de la estructuración psíquica a partir de los avatares de la idea del trauma en los comienzos del pensamiento psicoanalítico. El presente trabajo oficia de apostilla teórica para el artículo de esta misma sección: “Sobre el punto de apoyo de las palabras 

 

 

 

En un comienzo Freud planteaba que -en las neurosis- la estructura anímica estaba sostenida en un trauma. Más tarde extenderá el valor atribuido al trauma como soporte estructurante del aparato psíquico,  no sólo ya para el exclusivo caso de las neurosis, sino también para el funcionamiento normal de toda estructura psíquica. Esta extensión implicó, según se puede leer en su obra, complejizar la idea que tenía inicialmente del llamado trauma[1]. Retomando las cosas desde el principio, Freud decía que en  su experiencia clínica con  neuróticos, encontraba que  todos ellos referían haber padecido en su infancia atentados sexuales en su propio cuerpo. Después de algunas vacilaciones[2] planteó que los sujetos, en rigor, no enfermaban por la sola ocurrencia de aquella vivencia traumática:   el momento del trauma vivido permanecía en lo psíquico como un momento  mudo. Sólo su reanimación como recuerdo -provocando nuevo displacer- era lo que desencadenaba la defensa y producía-activaba su valor traumático (la defensa produce para Freud, en aquel momento, al inconciente y al trauma: es decir, se desencadena la defensa, se reprime el recuerdo, se produce el trauma).

Freud ofrece una ejemplificación del desarrollo recién comentado con el caso Ema[3] -según la narración que él nos presenta en el Proyecto..- Esta muchacha tiene una primer vivencia de abuso sexual  en su prepubertad. Pero esta primera vivencia es sexual solo para el adulto, la niña no tiene ni las condiciones somáticas adecuadas ni las representaciones necesarias para procesar el hecho. Pasa la pubertad, y ella tiene otra vivencia que en sí misma es nimia pero que desencadena  excitación por cierto carácter asociativo –muy secundario- con la primera. Se reanima entonces la primera escena con un nuevo displacer; de modo entonces que, según ya lo comentamos, se desencadena la defensa y produce al trauma (no hay trauma ni inconciente antes que se desencadene la defensa, sólo una escena a la espera de su destino psíquico según un nuevo universo significante, en este caso la pubertad).

Un primer tiempo mudo (vivencia sexual prematura traumática) que no se funda sin la retroacción de la segunda escena sobre la primera, lo que se inscribe como reprimido es el recuerdo, no el trauma (la defensa no es contra percepciones sino contra representaciones, según el punto de vista de Freud, lo cual, pensado con un poco de detenimiento llevará a una contradicción pues la percepción sólo es posible si ya opera la represión: en el caso que nos ocupa, si Ema “ve” la sonrisa cómplice de los dependientes –desencadenante de su síntoma fóbico- es porque ya le ha transferido su economía la primer escena -por eso mismo reprimida y eficaz para producir el síntoma en cuestión-, la del temprano atentado sexual en la pastelería. Es esta complicación la que llevará a Freud a postular una represión primaria que evite una remisión al infinito de  representaciones reprimidas. Y, además, a pensar la renegación perceptiva del perverso respecto de la castración o las alucinaciones perceptivas cuando no opera, justamente, la represión como respaldo y sostén de todo lo que un sujeto “ve”).

La vivencia como tal se inscribe como recuerdo y se pierde como  percepción  (se inscribe la huella, la percepción se pierde para no saturar al sistema Percepción-conciencia).

 

En la próxima entrega: Del trauma (cierto extraño externo) a la pulsión (ese cuerpo extraño interno).

 

 



[1] Se trata del pasaje –en el pensamiento freudiano y aquí desarrolado en sucesivas entregas- de “vivencia real” al  concepto de “realidad psíquica” por un lado y al movimiento del aprés coup que anima todo funcionamiento psíquico normal.

[2] En cuanto a atribuir una realidad concreta o un mero carácter fantasmático del propio sujeto al episodio de abuso sexual sufrido en su infancia.

[3] En el “Proyecto de una psicología para neurólogos”, S. Freud, Obras completas, Tomo I





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