Descolgados en Palermo
FM 94.7 ó www.radiopalermo.com.ar
Sábados de 16 a 17 hs.
http://descolgadosenpalermo.blogspot.com
“Descolgados en
Palermo” es un
programa radial que está por cumplir este último sábado de julio, sus 100
programas. Y en este tiempo, en este viaje donde el psicoanálisis y el arte han
sido compañeros de ruta, en la transmisión de la experiencia de lo
inconsciente, bajamos un rato en Estación Olvido.
Consigna de las Madres de Plaza de Mayo (1)
en muchas manifestaciones, “Ni olvido ni perdón”, la palabra olvido ha estado
presente en la historia de nuestro país. Quizás sea el corte más nefasto del
olvido, aquél que se asienta en la renegación de los hechos trágicos ocurridos o en el intento de
poner un “paño oscuro” evitando la responsabilidad de cada quien. Suceder de
los pueblos, no solo el nuestro, y en la vida singular de cada persona, podríamos
decir que hay olvidos, y olvidos.
Palabra escrita en la poesía, en las
canciones populares, contrapunto de la nostalgia que parece no querer olvidar.
Una entrevista al plástico argentino Carlos
Alonso nos sirvió entre otras cuestiones conversadas en este programa, a pensar
el olvido. La sustancia, textura del olvido.
Como él pudo “olvidar” en los trazos de
algunos cuadros, el dolor en carne viva de la desaparición de su hija en manos
de la dictadura militar que golpeó en el 76, para que pase a la memoria
colectiva. Y no olvidemos nosotros, y
esos cuadros no nos dejen olvidar, haciendo presente la ausencia de los
desaparecidos.
Esta vez, una psicoanalista amigo y oyente,
Oscar Lamorgia, nos acompaña en Estación Olvido con el texto que sigue,
haciendo un detallado recorrido por las diferentes formas de pensarlo.
Alicia Smolovich
ESTACIÓN OLVIDO (presentación)
Es claro que el olvido instituye una abigarrada panoplia de problemáticas. Cuando
el mismo comporta un acto espontáneo e involuntario se lo suele vincular –no
siempre con justicia- a un “déficit” en el recuerdo, apareciendo
correlativamente una suerte de “infidelidad” del individuo para con lo
pretérito. Por otra parte, cuando el
olvido se vincula al perdón, se conecta con la culpa y con cierta
reconciliación con el pasado.
El olvido es juzgado con frecuencia como
agente conspirador contra la confiabilidad de la memoria, siendo función de
esta última la incesante lucha contra los embates del primero.
No obstante ello, cabe señalar que una
memoria sin fisuras connota una suerte de maldición, dado que si el margen de
error en la misma fuese igual a cero, el sujeto estaría viviendo una existencia
atroz. En tal sentido, el olvido, lejos
de ser un déficit, cumple en ocasiones una función preservadora de la salud
mental. Funes, el personaje borgiano, no
es precisamente alguien para envidiar…
¿Sería lícito acaso pensar que memoria y
olvido deben negociar a tientas –y no como una maniobra especulativa- un
equilibrio que nos permita “administrar” ciertos recuerdos?
Y por otra parte, ¿existe en el registro
mnemónico alguna razón para homologarlo a la –definitivamente perdida- realidad
fáctica? Ello nos lleva a introducir un
concepto solidario al olvido y a la memoria: La huella.
En la antigua Grecia, existía un modo de
entender a la Verdad
que nada debe al planteo aristotélico (ése que sostenía que la verdad era
la plena concordancia entre la cosa y el enunciado). Nos referimos a Aletheia, esto es, una
verdad cuya particularidad reside en que su manifestación exige al mismo tiempo
que toleremos que permanezca –en cierto modo- oculta. Y ese ocultamiento estaría dado
estructuralmente por el olvido. Si escandimos la palabra A-lethe-ia, nos
encontramos con que su corazón es morada de Lethé (en griego: olvido...). En suma, la verdad está –como tal- perdida
porque incluye al olvido en su núcleo.
Hecha esta salvedad, conviene rescatar que
existen olvidos por destrucción de
huellas, sean estas documentales, o su equivalente cortical dado por el
daño neurológico; y olvidos (que el
filósofo Paul Ricoeur llama) de reserva,
que serían no otra cosa que olvidos cuyos contenidos pueden ser evocables a
voluntad al modo de esas anécdotas que perteneciendo a nuestro pasado
vivencial, suelen animar sobremesas con amigos, pero que no tenemos presentes
todo del tiempo.
Entonces, en virtud de lo enunciado líneas
arriba, tenemos que el olvido por destrucción de huellas estaría signado por la
irreversibilidad, en tanto que el olvido de reserva es –jugando con las
palabras- un olvido “en reversa” potencial.
A todo lo anterior, y sin veleidades de ser
exhaustivos, podemos agregar otra modalidad que no nos es demasiado ajena: La
del olvido obligado… la amnistía, que
como es bien sabido, etimológicamente hunde sus raíces en la palabra amnesia.
Bloque 1
Bloque 2
Bloque 3
Bloque 4
(1) “Madres de Plaza de Mayo”, grupo
de madres argentinas que iniciaron su reclamo por la aparición de sus hijos
desaparecidos en la dictadura militar, dando vueltas alrededor de La Plaza de Mayo, en Buenos
Aires, y hoy en dos diferentes agrupaciones, siguen en su lucha.