Psyche Navegante




"Estación olvido"

Número 78 / Agosto de 2007
www.psyche-navegante.com
autores@psyche-navegante.com
Oscar Lamorgia

 

Descolgados en Palermo

FM 94.7 ó www.radiopalermo.com.ar

Sábados de 16 a 17 hs.

http://descolgadosenpalermo.blogspot.com

 

“Descolgados en Palermo” es un programa radial que está por cumplir este último sábado de julio, sus 100 programas. Y en este tiempo, en este viaje donde el psicoanálisis y el arte han sido compañeros de ruta, en la transmisión de la experiencia de lo inconsciente, bajamos un rato en Estación Olvido.

Consigna de las Madres de Plaza de Mayo (1) en muchas manifestaciones, “Ni olvido ni perdón”, la palabra olvido ha estado presente en la historia de nuestro país. Quizás sea el corte más nefasto del olvido, aquél que se asienta en la renegación de los  hechos trágicos ocurridos o en el intento de poner un “paño oscuro” evitando la responsabilidad de cada quien. Suceder de los pueblos, no solo el nuestro, y en la vida singular de cada persona, podríamos decir que hay olvidos, y olvidos.

Palabra escrita en la poesía, en las canciones populares, contrapunto de la nostalgia que parece no querer olvidar.

Una entrevista al plástico argentino Carlos Alonso nos sirvió entre otras cuestiones conversadas en este programa, a pensar el olvido. La sustancia, textura del olvido.

Como él pudo “olvidar” en los trazos de algunos cuadros, el dolor en carne viva de la desaparición de su hija en manos de la dictadura militar que golpeó en el 76, para que pase a la memoria colectiva.  Y no olvidemos nosotros, y esos cuadros no nos dejen olvidar, haciendo presente la ausencia de los desaparecidos.

Esta vez, una psicoanalista amigo y oyente, Oscar Lamorgia, nos acompaña en Estación Olvido con el texto que sigue, haciendo un detallado recorrido por las diferentes formas de pensarlo.

Alicia Smolovich

 

ESTACIÓN OLVIDO (presentación)

 

Es claro que el olvido instituye una abigarrada panoplia de problemáticas. Cuando el mismo comporta un acto espontáneo e involuntario se lo suele vincular –no siempre con justicia- a un “déficit” en el recuerdo, apareciendo correlativamente una suerte de “infidelidad” del individuo para con lo pretérito.  Por otra parte, cuando el olvido se vincula al perdón, se conecta con la culpa y con cierta reconciliación con el pasado.

El olvido es juzgado con frecuencia como agente conspirador contra la confiabilidad de la memoria, siendo función de esta última la incesante lucha contra los embates del primero.

No obstante ello, cabe señalar que una memoria sin fisuras connota una suerte de maldición, dado que si el margen de error en la misma fuese igual a cero, el sujeto estaría viviendo una existencia atroz.  En tal sentido, el olvido, lejos de ser un déficit, cumple en ocasiones una función preservadora de la salud mental.  Funes, el personaje borgiano, no es precisamente alguien para envidiar…

 

¿Sería lícito acaso pensar que memoria y olvido deben negociar a tientas –y no como una maniobra especulativa- un equilibrio que nos permita “administrar” ciertos recuerdos?

Y por otra parte, ¿existe en el registro mnemónico alguna razón para homologarlo a la –definitivamente perdida- realidad fáctica?  Ello nos lleva a introducir un concepto solidario al olvido y a la memoria: La huella.

En la antigua Grecia, existía un modo de entender a la Verdad que nada debe al planteo aristotélico (ése que sostenía que la verdad era la plena concordancia entre la cosa y el enunciado).  Nos referimos a Aletheia, esto es, una verdad cuya particularidad reside en que su manifestación exige al mismo tiempo que toleremos que permanezca –en cierto modo- oculta.  Y ese ocultamiento estaría dado estructuralmente por el olvido. Si escandimos la palabra A-lethe-ia, nos encontramos con que su corazón es morada de Lethé (en griego: olvido...).  En suma, la verdad está –como tal- perdida porque incluye al olvido en su núcleo.

Hecha esta salvedad, conviene rescatar que existen olvidos por destrucción de huellas, sean estas documentales, o su equivalente cortical dado por el daño neurológico; y olvidos (que el filósofo Paul Ricoeur llama) de reserva, que serían no otra cosa que olvidos cuyos contenidos pueden ser evocables a voluntad al modo de esas anécdotas que perteneciendo a nuestro pasado vivencial, suelen animar sobremesas con amigos, pero que no tenemos presentes todo del tiempo.

 

Entonces, en virtud de lo enunciado líneas arriba, tenemos que el olvido por destrucción de huellas estaría signado por la irreversibilidad, en tanto que el olvido de reserva es –jugando con las palabras- un olvido “en reversa” potencial.

A todo lo anterior, y sin veleidades de ser exhaustivos, podemos agregar otra modalidad que no nos es demasiado ajena: La del olvido obligado… la amnistía, que como es bien sabido, etimológicamente hunde sus raíces en la palabra amnesia.

 

Bloque 1

 

Bloque 2

 

Bloque 3

 

Bloque 4

 

 

(1)   “Madres de Plaza de Mayo”, grupo de madres argentinas que iniciaron su reclamo por la aparición de sus hijos desaparecidos en la dictadura militar, dando vueltas alrededor de La Plaza de Mayo, en Buenos Aires, y hoy en dos diferentes agrupaciones, siguen en su lucha.