La relación madre-hija. Parte I
Estamos acostumbrados a aceptar
el discurso común que nos indica que los padres tienen un especial afecto y protección
amorosa hacia sus hijos.
Los psicoanalistas, desde Freud,
le damos a este discurso común un soporte teórico-clínico, al decir que el
hijo, para una mujer, viene enganchado a la ecuación pene-niño.
Decimos, un deseo en espera desde
la infancia, que apoyado en la castración, le permite a una mujer situar una
falta y también ubicar una posible sustitución o ersatz como lo conceptualizó
Freud.
A partir de la elaboración
conceptual de Lacan, la metáfora paterna es otra manera de situar el valor que
tiene un hijo para una mujer haciendo que ella introduzca a su bebé recién
nacido, a través de la función de la palabra, en el campo simbólico del
lenguaje.
La metáfora paterna, si existe en
la madre, será la que posibilite a una mujer ubicar en su hijo el sustituto de
lo que fue su deseo infantil en espera. Deseo de pene por deseo de tener un
hijo
Lo simbólico se habilita al
introducirse un elemento que siendo perteneciente a ese campo, queda por fuera
de él, haciéndolo funcionar.
El significante Falo Φ es aquel que abre las posibilidades de
significación, inaugurando las condiciones para que los elementos de lo
simbólico o sea significantes, se combinen.
Volviendo al valor que tienen los
hijos para los padres, recordemos que un hijo/a es producto de una relación
sexual entre un hombre y una mujer, no tomaré aquí los efectos en la
significación de hijos adoptados o concebidos con las diferentes tecnologías a
disposición.
Lacan plantea que no hay relación
sexual, en el sentido que no hay proporción sexual y esta cuestión abre la
pregunta acerca de la significación que puede llegar a tener eso que es el
producto de algo que no existe, o sea, un niño/a.
Sin embargo, en el Atolondradicho (L’ Etourdit)
Lacan plantea que si es verdad que “no hay relación sexual, eso no implica que
no haya relación al sexo”.
Esta última afirmación nos
conduce a tener en cuenta que los seres sexuados, en tanto hombres y mujeres,
se encuentran confrontados, sin distinción, a la castración, en la medida en
que ella es la única operación que permite la elección de una posición sexual.
Así, en el seminario 17, Lacan la
plantea como “La operación real introducida por la incidencia del significante
sea cual sea, en la relación al sexo”
Entonces tenemos síntomas porque
la relación sexual es incifrable, o sea, no se
escribe. Por eso el síntoma viene al lugar de eso que del sexo hace hueco en lo
simbólico como imposible.
Podemos decir entonces que el
producto niña de aquello que no se escribe es síntoma en tanto sustituye a eso
que no cesa de no escribirse como relación sexual entre los sexos.
La Castración, como operación
real introducida por la incidencia del significante, reparte a los seres
sexuados en dos mitades que se diferencian entre sí según sus propias modalidades.
Esas modalidades ya las había
elaborado Freud planteando que la repartición apunta a la Bedeutung, sentido del Falo, como ser y tener.
La función Fálica se inscribe así
supliendo a la relación sexual que no se escribe y es una función proposicional según la cual, el sujeto puede inscribirse al
lugar de la variable x completando la función. La determinación de la posición
sexuada en tanto que hombre o mujer dependerá de la función Fálica.
En el Atolondradicho Lacan plantea en
relación a esta función que “…los seres van a responder por su modo de hacer
allí argumento”. Estos argumentos se definen como de goce sexual en tanto goce
masculino o goce femenino.
Goces que a su vez determinan una
cierta relación al sexo en el nivel de un decir.
LA LÓGICA DE LA SEXUACIÓN EN LOS
HOMBRES
El hombre hace argumento en la
Función Fálica ubicándose en el universal afirmativo, quiere decir, que como
todo, el hombre toma su inscripción en ella.
Pero para que un conjunto sea un
todo necesita cerrarse y para que esto suceda es necesario que exista un límite
y el límite debe ser puesto por un elemento que no cuenta dentro del todo.
Así el límite, debiendo estar por
fuera, necesita de la función de la excepción, por lo que Lacan en el Seminario
Aún plantea que la excepción es la existencia de un x (elemento) para el cual
la Función Fálica está negada.
La castración como operación a la
cual todos los seres están confrontados reposa sobre la excepción que permite
al todo funcionar con un límite.
En esto se basa J. A. Miller cuando define a la lógica masculina como la lógica
del Uno y el Todo.
El mito sería Existe al menos 1
para quien la castración no funciona, dando existencia al Todo del universal
afirmativo.
EL ARGUMENTO DE GOCE EN LAS
MUJERES
En el seminario Aún Lacan plantea
que la mujer “En relación a eso que designa de goce la Función Fálica, ella
tiene un goce suplementario” y agrega que la mujer, No-Toda es, por esa misma
razón. Su goce no todo se apoya en la función fálica y plantea que la mujer
tiene una relación con el S(A tachada)
una relación al Otro como radicalmente Otro, por el hecho de ser ella misma, al
nivel sexual Otro absoluto.
Planteadas así las cosas, no hay
conjunto cerrado, por lo tanto el No-Todo no admite la excepción lo que nos
conduce a la falta de límite, ya que el sin excepción implica que no hay
elemento por fuera que permita cerrar el conjunto como todo.
Se produce una dualidad en el
argumento del goce en tanto se presenta una doble negación, negación de la
existencia traducida como “Todo X No”, todas las mujeres no existen como
conjunto y negación de la función “X No Todo Función Fálica” cada elemento
mujer no se encuentra totalmente articulada a la función Fálica.
El “sin excepción” que no admite
el cierre del conjunto, conduce a lo ilimitado y lo que se termina inscribiendo
es la negación de la castración, que se sostiene del siguiente argumento “No es
verdad que la castración domine todo”.
Freud lo plantea en el sentido de
que en el juego del Edipo y la angustia de castración, no hay en ella algo para
cortar, ella no se siente amenazada y no es por ese motivo que elige alejarse
de su primer objeto. Más bien entra al Edipo luego de recorrer un camino de
protesta y recriminación hacia la madre que puede tomar diversas formas
imaginarias, que no la nutrió suficientemente, que no la cuidó, que no le
enseñó, etc.
Necesitamos recordar aquí que hay
una clase de J. A. Miller del 1-4-98, en la cual
plantea que el No-Toda de la mujer implica que hay un goce por fuera del órgano
Fálico y que pasa por la satisfacción de la palabra y especialmente de la
palabra de amor.
Esto nos conduce a pensar que si
para una mujer su deseo está vinculado al falo ya
desde Freud, también está causado por el A
tachada en tanto necesita de un objeto hablante, que le diga palabras de
amor.
En este punto se logra
diferenciar que la causa del deseo del lado masculino en las fórmulas de la sexuación, en el seminario Aún, son diferentes que en el lado femenino.
Para una mujer no es el objeto pulsional el que se encuentra en posición de causar su
deseo, mientras que del lado hombre, él alcanza a su compañera sexual, que es
el Øtro, por el lado del objeto a causa, el cual
tiene una dependencia estrecha con la función de la castración que determina, a
ese objeto “a”, como plus de goce.
Esto permite esclarecer aquella
afirmación de que el partenaire o compañera para el hombre es un síntoma, en el
sentido de que el núcleo de goce para el lado masculino es “a”,
equivalente a lo que es el síntoma, por esto el hombre ve en el partenaire
aquello de lo que él se sostiene narcisísticamente,
que es una función directa de su pasaje por el Edipo y la castración.
EL LUGAR DE UN HIJO
Un bebé que viene al mundo como
producto de la inexistencia de inscripción de la relación sexual, es
convertido/a en hijo/a por efecto de ser acogido dentro del marco de la Función
Fálica que al inscribirse suple o sustituye a la relación sexual que no se
escribe.
Así tenemos la ecuación pene-niño
según la cual Freud propone ubicar el lugar del niño para una mujer que es madre.
Por eso al inicio del texto
planteaba un deseo de falo en espera por parte de la
niña que podrá sustituirse con el deseo de un hijo cuando esa niña haya crecido
pero también haya podido ubicar la castración como falta simbólica para todos
los seres, sean hombres o mujeres.
La madre es un nombre que recubre
un deseo femenino y también una relación al goce respecto a un objeto singular
que es el niño.
Podemos considerar a la madre
como una versión inconsciente que sirve para localizar el goce del objeto y que
también permite inscribir el incondicional de la demanda de amor y su punto
ideal en el horizonte.
Continuará en el próximo número