La relación madre-hija. Parte II
Ver La
relación madre-hija. Parte I
LAS DIFERENTES POSIBILIDADES EN LA RELACIÓN
MADRE-HIJA
Si la niña es tomada por la madre en la
dialéctica del amor, entonces esa niña será para la madre un partenaire de la
palabra de amor, esto significa que será tomada como otro, a quien la madre se
dirige y de quien la madre espera que continúe el discurso amoroso.
Recordemos que la parte del goce femenino que
está por fuera de la Función Fálica, se encuentra enraizado en la palabra y
especialmente la palabra de amor, por lo que siendo la madre una mujer, el modo
de relación con su hija tomada como partenaire del amor implicará para esa
mujer, madre, una satisfacción.
De esta forma la niña como objeto es tomada
dentro de la metáfora del amor, que es lo mismo que la metáfora Fálica que hace
de ella un sustituto del falo que falta a la madre y un símbolo del don del
padre.
Aquí estaríamos dentro del discurso socialmente
aceptado, según el cual los hijos tienen un valor especial para sus padres y
por este motivo los padres cuidan amorosamente y protegen a sus hijos.
Necesitamos preguntarnos en qué condiciones
una hija podría caer por fuera del discurso amoroso de la madre y entonces no
lograría ser ubicada como objeto dentro de la metáfora del amor y por lo tanto
sin valor fálico para la madre o por fuera de éste.
Recordemos que desde el seminario cuatro Lacan
es contundente al decir que el objeto sólo encuentra su lugar adecuado si se
ordena de acuerdo con la Función de la Castración.
Recordemos también que la castración para la
mujer conlleva dificultades específicas.
Desde las articulaciones freudianas, es sabido
que para el niño varón, su posibilidad de desasirse del primer objeto, la
madre, se encuentra enmarcada dentro del complejo de Edipo y su propia
confrontación con la Angustia de Castración. Recorrido que al hacerlo le
permite asumir el Ideal paterno, dejando en suspenso hasta la adolescencia la satisfacción
genital de la pulsión.
Para la niña, en sus dos artículos “La
sexualidad femenina” y “La feminidad” Freud plantea la pregunta: ¿qué es lo que
hará que la niña se vea obligada a desasirse de su ligazón-madre?
Juan Carlos Indart decía en una conferencia en
San Luis un 24 de abril del año 1999, “El Edipo es una historia de quien la
tiene, te la corto o no te la corto, pero para ellas, es como si dijera: es una
fiesta que no me corresponde, entonces hay que invitarlas…”
El ingreso al Edipo, para la niña, se produce
luego de una época en la que ha intentado por todos los medios mostrar su
rebelión hacia la madre, haciéndola responsable de lo que como Otro no le ha
dado. Este primer momento implica, dentro del campo imaginario, que la niña le
sigue adjudicando a ese Otro toda la omnipotencia de lo que puede dar o quitar.
Así para Freud, la salida posible se plantea
una vez atravesado el período en el cual la niña agota las recriminaciones
hacia la madre como por ejemplo no haberla nutrido suficientemente o haberla
hecho incompleta y logra situar en el padre el lugar de donde podrá recibir el
don, quedando el deseo de pene en suspenso, para ser sustituido más adelante
por el deseo de un hijo.
En Lacan nos encontramos con el planteo de que
la niña entra al Edipo por la castración, quedando identificada al agente de la
misma sin necesidad de pasar a través de la batalla en la que se juega o él o
yo, como lo hace el varón.
La niña queda ubicada en referencia a ese
significante, agente de la castración, lo que le permite pedirle, quejarse,
reprocharle, pero que no lo asume, al decir de Lacan “…permanece ahí como pez
en el agua…”.
Estos últimos datos entrecruzados de los
diferentes autores, permiten plantear que para que una niña no logre ser
ubicada en el lugar de la metáfora fálica, que abriría la posibilidad del amor,
lo que probablemente haya ocurrido es que la madre de la niña de ahora, cuando
era niña no haya logrado atravesar ese período pre-edípico, quedando el
recorrido atascado en las recriminaciones a la madre. Esperando que su madre le
diera lo que le falta.
Nos preguntamos qué pasaría si en esta etapa,
la respuesta de la madre fuese no te doy lo que pedís porque no quiero o no te
doy lo que pedís porque no te lo mereces. En el primer caso el efecto en la hija
sería: lo tiene y no me da, por lo tanto no me ama. Mientras que en el segundo
sería: lo tiene y no me da porque soy culpable.
Estas dos vertientes son diametralmente
opuestas a una respuesta que tuviera que ver con la metáfora del amor para la
cual Lacan planteaba: “amar es dar lo que no se tiene a quién no lo es”.
Así esta madre de hoy no puede reconocer en su
hija ningún valor fálico, de la misma manera que la madre de la madre (abuela),
no reconoció en su hija, actualmente madre ningún valor fálico.
No pudiendo situar en su hija ningún sustituto
que apacigüe su privación, ya que no hubo elaboración de la castración ni se
logró situar al padre como lugar del don.
Es así que sin valor fálico, la niña es
situada por su madre como objeto pulsional desligado de la castración.
Tomando la hija el valor de aquello que fue
para aquella niña del pasado convertida hoy en madre, la expresión de su
relación con su propia madre.
La madre reproduce con su hija “…las
relaciones libidinales de la niña a la madre” –Freud: La Feminidad.
Si la niña toma tal valor de lo que fue la
expresión de las relaciones libidinales de la madre hacia su propia madre,
podemos plantear un abanico de opciones tan variadas como fantasmas puedan
construirse.
La que no sabe nada, la que es buena para
nada, la tonta, la loca, la insoportable, la mala, la desubicada, sostén para
mi vejez, etc.
Todo estará estructurado en función del goce
que sustituyó a la respuesta de amor.
Todo penderá del hilo en el cual dicha niña
pueda ubicarse en referencia a ese objeto que circula de madre a hija.
Cuanto más cerca se ubique, más aceptada
estará la hija, más goce de la madre estará asegurado, menos subsistencia en el
deseo y el amor para la hija.
Cuanto más lejos de dicho objeto se ubique la
hija, menos goce para la madre y aunque habrá más posibilidades para la hija de
subsistencia en el deseo y el amor, tendrá que soportar los embates de la
agresividad de una madre por haberle sido devuelto o reintegrado ese objeto
pulsional.
Lacan lo escribe así en L’ Etourdit:
“…contrasta dolorosamente con el estrago que
en la mujer, en la mayoría, es la relación con la madre, de la cual parece
esperar en tanto mujer más subsistencia que del padre. Lo que no pega con su
ser segundo en ese estrago…”
Podríamos decir que si la abuela ya era una
estragada es probable que en la siguiente generación, la hija, haya recibido en
segundo lugar ese estrago.
Bibliografía:
-S. Freud: Sobre la
sexualidad femenina
-S. Freud: La
femineidad
-S. Freud: La
organización genital infantil
-J. Lacan: Seminario
IV: Las relaciones de objeto
-J. Lacan: Lètourdit
-J. Lacan: Seminario
XVII: El reverso del psicoanálisis
-J. Lacan: Seminario
XX: Aún
-J. Lacan: Dos notas
sobre el niño
-J. A. Miller: El
partenaire síntoma