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GUIA PRACTICA PARA RECIBIR EL TERCER MILENIO

 

Laura Lueiro
 
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autores@psyche-navegante.com

El fin del milenio nos toca a todos. O al menos es casi imposible no sentirse tocado. Publicidades, programas televisivos y radiales, congresos, jornadas, etc. insisten en señalar esa fecha como un instante especial al que tenemos el privilegio de asistir. La pregunta es ¿Cómo?

 

 

Si usted pertenece a la clase media-alta tradicionalista, no necesita leer esta nota. Ya sabe qué tiene que hacer: París lo espera el 31 de Diciembre, con el Arco de Triunfo haciendo de eje de un reloj láser gigante cuyas horas estarán representadas por las doce avenidas que circundan la Place Charle de Gaulle y con la Torre Eiffel iluminada por 20 mil luces. Por supuesto que también habrá contemplado la idea de pararse en el Times Square de Nueva York desde las 7 de la mañana para ver la fastuosa transmisión de la llegada del nuevo milenio a las islas Fiji. Otra alternativa es encontrarse en la Plaza de San Pedro en Roma para recibir el año del Gran Jubileo, festejo en conmemoración de los dos mil años del nacimiento de Cristo.

Ahora, si usted pertenece a la clase media-alta pero con look progre, existen otras alternativas. Un viaje a la isla de Kiribati, en el Pacífico Sur, lugar en donde -según el Observatorio de Greenwich- se producirá el primer amanecer del milenio. Tal vez pueda hacerse una escapada -un tanto apresurada- hasta la isla de Samoa donde -según el mismo observatorio- se podrá apreciar el primer atardecer del primer día del tercer milenio.

Si usted tiene un espíritu místico y con una cierta ansia melancólica, podrá prepararse durante lo que resta del año, leyendo las Profesías de Nostradamus, las de San Malaquías, ilustrarse sobre los Eventos Proféticos de Garabandal, Las Profesías de los Indios Hopi y por supuesto, lo anunciado por la Virgen de Fátima. Sin entrar en detalles, todas ellas coinciden en que algo terriblemente espantoso sucederá concomitantemente con el fin del milenio. Si su espíritu no es místico sino racional, puede conformarse con instruirse acerca de los efectos que producirá sobre el planeta tierra, la cercanía del Cinturón de Fotones.

Si usted todavía no ha decidido qué va a hacer, puede acompañarme en mis reflexiones...

Para empezar, el tan ansiado año 2.000 lo será sólo para los occidentales que seguimos el calendario gregoriano. Para los judíos será el año 5860, para los budistas el 2543 y para los musulmanes el 1419. Siendo minoría en relación a estos grandes grupos, al menos deberíamos preguntarnos si sacamos bien la cuenta.

Lo divertido es que aún considerando como válido tomar como Año 1, el año en que nació Jesucristo y haciendo un ejercicio simple de matemáticas de tercer grado, se llega rápidamente a la conclusión de que el tercer milenio comienza en realidad el 1 de Enero del año 2001.

Entonces, ¿Qué diantres estamos festejando?. Muy simple: el número 2.000.

Así es, el 2.000 es un número redondo, gordito, casi perfecto en su esplendor. Carente de cualquier fracción de tiempo que lo arruine en su prolijidad. Los humanos tenemos la costumbre de organizar nuestras vidas en función de los números redondos. Si un amigo nos invita a encontrarnos en un bar diciéndonos: te espero a las 15:53, uno tiende a preocuparse por dicho amigo (salvo que éste sea psicoanalista, en dicho caso es absolutamente “normal”). Festejamos las bodas de plata y de oro, el primer año de vida, los centenarios de nacimientos y muertes, el principio y fin de siglo, el último día del año, el primer día del año, etc., etc., etc. A veces no festejamos tanto los cambios de década en nuestra cronología personal y entonces aparecen los clásicos bajones al cumplir los 40 o los 50 o los 60 (no sigo porque supongo que después se está sencillamente aburrido de tantos bajones inútiles o se empieza a festejar de nuevo agradeciendo el seguir vivo).

Lo cierto es que los números redondos tienen un efecto especial sobre nuestro ordenamiento simbólico del que muy pocos pueden escapar. Son momentos de balance y reflexión casi obligada, así como de planificación del tiempo futuro.

Habiendo aclarado este punto, ahora sí voy a la guía práctica para desorientados o imprevisores.

Si usted se reconoce con características obsesivas, no se puede perder la oportunidad de disfrutar de esta ocasión. ¿Cuándo va a festejar el inicio del tercer milenio? ¿El 1º de Enero del año 2.000 o el 1º de Enero del año 2.001? Es cierto que en verdad empieza en el 2.001 pero gran parte de la humanidad lo festeja en el 2.000 y usted no quiere quedar mal con semejante cantidad de congéneres. Puede festejar dos veces, pero, claro, sería un abuso a su mesura. Puede no festejarlo en ninguna ocasión pero, el 2.000 no es moco de pavo para dejarlo pasar así nomás. Encima todo el mundo habla de él. En todo caso, entre una fecha y otra tiene todo un año para relamerse en el “to be o not to be” y para cuando se decida, ya todo habrá pasado.

Si usted se enrola entre los histéricos, no desespere que el 2.000 da para todo. Para empezar, esto de pasar de dos a tres suele ser tentador. El tercero en discordia siempre genera las más profundas e intensas fantasías. Si esto no es suficiente (y si usted es un histérico que se precie, seguramente no lo será) podrá dedicarse a organizar eventos en los que invite a todos sus conocidos, desplegando todos sus encantos para finalmente y pasado el día en cuestión, ofenderse con todos los que no asistieron ni lo invitaron para terminar con la sensación de que en definitiva no pasó todo lo que usted ansiaba y que encima para el cuarto milenio falta demasiado. Con lo cual, tendrá motivos para quejarse por el resto de sus días.

Si usted tiene cierta tendencia paranoica, ésta es una ocasión única para desplegar sus ideas y hacerlas conocer públicamente sin que lo miren con mala cara. Puede fundamentar la ineluctable llegada del fin del mundo a manos de quien usted quiera (con sólo leer el diario tiene todas las opciones que desee). Confabulaciones internacionales, guerras nucleares, los narcos dirigiendo el planeta, o la caída del capitalismo hundiéndonos en la miseria. No me voy a extender porque seguramente usted ya sabe con certeza de qué se trata.

Si alguna vez le han dicho que es un parafrénico, siga la lógica del paranoico pero varíe el contenido: El planeta será invadido por extraterrestres que nos fagocitarán sin que nos demos cuenta. Usted es el único que posee esa información y nadie le cree. Así que, no festeje. Salga a pelear contra los alienígenas.

Para los melancólicos, bienvenido el tercer milenio. La especie humana no ha avanzado en nada en los últimos dos milenios. Nos seguimos matando entre nosotros, sólo que sofisticando las técnicas. Ya no nos comen los pobres leones sino los fuertes y viles felinos de todas las clases. Encima usted no ha hecho nada para modificar nada de esto por lo tanto es culpable del flagelo de la humanidad y lo menos que puede hacer es declarar el 31 de Diciembre como día de duelo y de paso amargarle la vida a todos los que tiene alrededor.

En cambio si usted ha recibido un diagnóstico se esquizofrenia simple, no se preocupe en absoluto. Seguramente ni siquiera sabrá qué día es.

Para finalizar, si usted no se reconoce en nada de todo esto -sea por resistencia narcisística o porque supone que ha llegado a un fin de análisis- hágame caso: siga sus más profundos deseos y pásela lo mejor que pueda. En definitiva no es más que un número redondo.

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