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El arteterapia no existe II.

 

Adriana Grinberg
 
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autores@psyche-navegante.com

Reportaje realizado por Adriana Grinberg a Sergio Camporeale, artista plástico de trascendencia internacional que dedica su vida a "construir una imagen" y en ese devenir relata sus avatares.

 

 

En el afán de seguir indagando y formalizar cada vez más las diferencias entre las "herramientas expresivas" en dispositivos de tratamiento y las causa del artista, intento dar cuenta a través del testimonio del pintor, la evidencia de que aunque coincidan los recursos técnicos, hay que liberar al artista de interpretaciones en su vida o su obra y darle al taller expresivo, el estatuto que le corresponde: un nuevo género que la cultura da en dispositivos de tratamiento.

Los anteriores artículos escritos en este mismo medio, van dando cuenta de una intervención en transferencia, a través de consignas expresivas. El artista se entrega a su obra y a la lucha de cómo hacer. Mientras que el despliegue expresivo, intenta el advenimiento de un sujeto.

¿Se trata entonces de ofrecer herramientas propias del arte, que operen como enlace entre el padecimiento y un devenir en el decir? El tallerista ofrece construir un lenguaje.

El artista, sin embargo, no cesa en su afán de cazador de imágenes, brotadas de su deseo. Se revela la verdad de su condición: puede perder a condición de que su arte lo represente, su técnica y su estudio lo haga más hábil en su saber y originalidad. Y a través de su obra, encontrarse con su público.

A.G.: Vos y la bohemia no tienen nada que ver...

S.C: Nada que ver. Me importa un rábano. Me interesa estar bien para construir una imagen. Por supuesto que viví penurias. El premio de Louviana lo gané viviendo en una pensión. Pero prefería otra cosa que hice después: tener un lugar grande y la cuenta bancaria cubierta. Si llega el momento en que tengo que trabajar parado en un ángulo, lo hago. La necesidad es más fuerte que un espacio agradable.

A.G.: ¿Qué necesidad?

S.C.: De trabajar, hacer, lanzarte a una hoja en blanco. Si no me suicido.

SOBRE LO ERÓGENO...

S.C.:A los diez u once años, era una bestia en matemática, pero era yo quien iba a dibujar a San Martín al pizarrón. Lograr una imagen, mover la mano, manchar, apretar la tiza, la materia. Y lo que da significado a la materia. A los trece años, empiezo a trabajar en una imprenta. Uh... cuando entraba ahí. ¡Me volvía loco ¡El olor, los colores! Me apasionaba. Era como una droga. Es el día de hoy que toco el papel y me causa una impresión grande.

UNA MUERTE ANUNCIADA:

S.C.: El Di Tella propone la muerte de la pintura y nosotros nos opusimos a eso. Creando un grupo de grabado llamado Grabas.

A.G: Ante la muerte crearon recursos.

S.C.: Por supuesto.

SOBRE EL TRABAJO:

S.C.: Fui publicista, gané mucho dinero, me lo gasté todo con las modelos. Un desastre.

A.G.: Cambiaste el papel por las chicas.

S.C:. Sí. Pero les dije a mis amigos: dejo todo. O soy pintor o no soy nada. Y no trabajé nunca más.

A.G.: ¿Cómo llamás lo que haces si no es trabajo?

S.C.: Poder hacer, no es un trabajo, es un privilegio. Me levanto a la mañana con miles de problemas pero sé que me zambullo en una hoja en blanco y me voy al universo. A veces me angustio. Pero es más fuerte el afán de poder construir una imagen sólida, que tenga poder de comunicación.

UN CORTE. DE LA ENFERMEDAD AL EROTISMO:

S.C.: Gano un premio en París, de dibujo. Luego me enfermo y no puedo pintar más. Por el dolor de una calcificación en el hombro.

A.G.: ¿Cómo hiciste para resignarte?

S.C.: Busqué un sustituto: la acuarela. No sé cómo las hago. Me convertí en un especialista.

A.G.: Además trabajás grandes dimensiones.

S.C.: Sí, cada vez amplío más. Hasta me salen dibujos eróticos.

A.G.: Al fin reuniste las chicas y el papel.

S.C.: Sí o me acordaba de otros tiempos. Empiezan a publicarme en la revista Play Boy y además gano el gran premio de Cannes Sur Mer. Sobre la originalidad y el saber.

Uno no puede hacer más de lo que sabe hacer. Esa es la originalidad. Y lo que vos tenés para expresar adentro. Esa conjunción ha ce una verdad. Entre el caos y el orden.

A.G.: ¿Tenés un orden para trabajar?.

S.C.: Lo perdí. El caos de este país me hace mal. Pero que no se note en la obra. Tampoco podés escribir "Buscando lo cano, el noviembre". Porque es un ente de comunicación fallido. Hay cánones de estructura plástica.

A.G.: ¿Te analizaste alguna vez?

S.C.: No, nunca. Siempre supe lo que quise.

A.G.: Muchas gracias.

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