ETICA Y MORAL EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

Si nos preguntamos por el significado de las palabras ética y moral, debemos admitir que, en lo que podríamos denominar su uso cotidiano, se las considera sinónimas. Sin embargo, el filosofo Hegel sostiene que la moralidad es abstracta y esta encerrada en la conciencia. La eticidad es la moralidad encarnada en un pueblo, en vinculación con el orden político.

De allí¡ que -siguiendo esta tesis hegeliana- afirmemos que la moral es el conjunto de normas, valores, actitudes y creencias de un grupo o sociedad. La ética no tiene nada que ver con el intento de decirle al mundo como deber ser; en todo caso, se trata de lo que el mundo es. La ética estaría ligada a la singularidad m s que a lo establecido universalmente, dogma éticamente, en un código: cuando la luz del semáforo se pone verde hay que avanzar, si se pone roja habrá que detenerse.

Digamos, entonces, que no existe posibilidad de ubicarse en el plano ético solamente por obedecer ese código, o esa normativa; en realidad la ‚tica nos puede llevar a que en determinadas circunstancias de la vida se deba transgredir esas reglas. Retornemos por un momento al ejemplo del semáforo e imaginen‚ nuevamente que el semáforo en rojo le impide a un automovilista adelantarse; sucede que, en esta ocasión, dentro del auto, el conductor lleva a una persona herida cuya vida depende de la celeridad con que llegue al hospital. Obviamente, la normativa respecto del semáforo sigue siendo la misma; sin embargo, en este caso el conductor transgrede la norma y avanza.

Es importante destacar que el conductor del automóvil no discute la posibilidad de transgredir la norma; porque esta posibilidad -inclusive- ira en contra de la vida del accidentado. De allí¡ qué sostengamos que la transgresión tiene un estatuto de acto; es decir, que se trata de algo que -simplemente- se lleva a cabo, se realiza. Por otra parte, puede suceder que a cincuenta metros de donde se halla el auto se encuentra un policía que viendo que el conductor atraviesa la calle con el semáforo en rojo le hace una boleta. El policía no sabe acerca del porque de la transgresión; pero, adem s, ese tampoco es su problema, ‚l sigue la v¡a de la normativa escrita. A los dos meses el conductor del automóvil recibe la boleta en su domicilio y entonces tendr que ir a pagarla, sabiendo que de esa manera soluciona el problema y suponiendo que ese fue el precio que paga por su obra de bien, o decidir ir ante el juez a explicarle lo sucedido. Allí¡ se sucede toda otra cuestión en torno a la discusión de la norma, pero Uds. ven que ya estamos en otro nivel de an lisis.

Era necesario realizar este recorrido tratando de caracterizar y singularizar la ‚tica de la moral, porque cuando se habla de libertad y responsabilidad en los MCM se piensa que ellas podr¡an legislarse desde un lugar integrado por periodista honesto, con experiencia; en fin, una serie de características que los ubicaran en un lugar que estaría por encima del ejercicio mismo. Se piensa en un tribunal, o una comisión o un comité‚ etc. que tendría -en definitiva- una estructura piramidal.

 La Transición

Hoy, los MCM (medios de comunicación de masas) están atravesando una transición desde el periodismo que conocíamos hacia la cultura de lo sensacionalista. Esto se debe -fundamentalmente- primero a la privatización de los medios y luego a la monopolización. Es cierto que se ha conseguido mayor libertad; pero, en t‚rminos generales, podríamos afirmar que se trata de una batalla ganada. Hoy se pelea por la circulación, cuestión que la mayor parte de las veces lleva al sensacionalismo.

Los MCM muchas veces escapan a los controles regulares y los comit‚s de ‚tica tampoco aparecen como una solución viable en la medida que la posibilidad de aplicar la ‚tica produce una banalizaci¢n moralizante. Esto quiere decir que un tribunal ‚tico se termina convirtiendo en un tribunal moral, de allí¡ qué nuevamente se pierde la posibilidad de analizar la singularidad de cada caso.

Los MCM son una de las instituciones más poderosas del país, debido al consenso que han logrado entre la gente, examinan al gobierno, al presidente, a los políticos, a los empresarios. ¨Y qui‚n examina a los medios? Alguien tiene que mirarlos porque en La Argentina existen medios cada vez más poderosos en cada vez menos manos. Si alguien tiene una empresa periodística o un multimedia con el que sólo pretende ganar dinero seguramente llegar a la situación de tensión entre moral y ‚tica; es decir, entre lo que se debería hacer y lo que se hace.

Bernard Kalb periodista de la CNN sostiene que actualmente existe gente que piensa que el periodismo es sólo una excelente manera de invertir. El ejercicio que nosotros deberíamos realizar es pensar si, en nuestro medio, los dueños de los medios provienen del periodismo, o del ámbito de los negocios, esto como para no realizar extrapolaciones forzosas entre EE.UU. y La Argentina, cuestión en la que estamos muy sensibilizados.

Digamos que hacer periodismo de periodistas fue en La Argentina una idea muy resistida; sin embargo, medios como La Maga, entre otros, viene realizando, a mi criterio, un examen de la forma en que funcionan los MCM. Recuerdo el número 49, del mi‚rcoles 16 de diciembre de 1992 en cuya portada podía leerse: "la corrupción de los medios y los periodistas". Dicho ejemplar denunciaba sobornos, sobresueldos y venta de espacios en los medios. Aparecía tambi‚n un pormenorizado estudios en el que el 88,5% de doscientos redactores, editores, columnistas y empresarios de agencias de noticias, radios, canales de TV, revistas y diarios consideraban que dentro de la prensa existía corrupción.

Dos años m s tarde volvía a aparecer un número con estas características: el 137, del mi‚rcoles 31 de agosto de 1994, que se refería a los medios que hacían campaña contra la oposición. Decía el copete de aquel número: "la preocupación del gobierno por las encuestas que muestran un importante crecimiento del Frente Grande como opción política para 1995 provocó el comienzo de una campaña electoral en la que el oficialismo parece dispuesto a apelar a cualquier recurso para desprestigiar a sus adversarios. Cuatro diarios, tres radios, un canal de TV, una agencia de noticias y varios periodistas con espacios en distintos medios se han convertido en los propagandistas de la campaña de Carlos Menem..."

Pero si destacamos el papel de La Maga en lo que hace a los MCM es necesario hacer un poco de historia para ser justos con aquellos que fueron abriendo esta brecha. Hace diez años Raúl Naya en la producción y Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo, Nicol s Repetto, Raúl Becerra y Carlos Abrebaya integrando el grupo de conductores hacían La noticia rebelde, un ciclo que resultó pionero en hacer una T.V. crítica. Actualmente, en este medio, aparecen programas como Caiga quien caiga de Mario Pergolini y asociados, o Las patas de la mentira de Lalo Myr.

El hecho de que el humor aparezca en todos estos programas como un elemento imprescindible, nos empuja a pensar si esto se debía a que no era (¨o no es?) posible realizar un periodismo de periodistas "en serio".

No quisiéramos dejar de puntualizar otro ejemplo que nos va permitir continuar nuestro análisis: el 22 de marzo de 1997 Pergolini, en el transcurso de su programa, llama a la residencia de Olivos. Sorpresivamente consigue que el presidente lo atienda. Después de que Pergolini habla con el presidente, después de la euforia de que hubiera sido el mismo presidente de la Nación quien lo atendiera, Pergolini reflexiona y dice algo as¡ como que Menem podría haber tardado algunos programas mas en atenderlo as¡ se mantenía la expectativa.

Recordemos que el martes anterior al que nos referimos, Pergolini había llamado por primera vez y un operador le había dicho que el presidente no se encontraba, as¡ que se trataba del segundo llamado. Podríamos tomar en serio esta queja de Pergolini, ya que cuando Menem lo atiende, deshace ese clima de transgresión que se generaba por el hecho de estar llamando al presidente de la república y pedir hablar con ‚l. Menem con esa viveza que tiene para todo lo que tiene que ver con la política y la negociación, contesta el llamado desarmando la expectativa que se creaba en torno a que como no iba a atender, dejaba a Pergolini en el lugar del transgresor. Cuando el presidente atiende, Pergolini no sabía que‚ decirle, ‚l mismo lo pone en palabras cuando dice que siempre imaginaba una cantidad de preguntas para hacerle; pero, puesto en la situación no sabe que‚ decir.

Al contestar el llamado, desaparece la transgresión, desaparece también el transgresor y eso se expresó puntualmente en el hecho de no saber que‚ decir. La escena fue muy interesante para ejemplificar cómo funciona la ‚tica y la moral. Al aparecer como transgresor Pergolini estaría atendiendo el nivel ‚tico; sin embargo, al haber permitido que el presidente saliera al aire contestando el llamado, Pergolini parece quedar del lado del oficializo, al constituirse en portavoz del presidente.

Recordemos la idea de que el plano ‚tico nos puede llevar a tener que transgredir normas y costumbres, en ese sentido podríamos decir que un programa es ‚tico. Estos programas siempre fueron publicitados como programas transgresores, tendríamos que decir, en honor a la verdad, que han permitido transgredir viejos códigos comunicacionales. Por lo tanto, han producido una verdadera revolución periodística.

Digamos para concluir que si desde la ‚poca de La noticia rebelde el humor fue un ingrediente imprescindible para hacer periodismo de periodistas, la apuesta parece renovarse d¡a a d¡a. ¨Pero, no sería tambi‚n el momento adecuado de afianzar un periodismo de periodistas "en serio"?

 

Escrito presentado en las Jornadas Universitarias de Comunicación. Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo. 10, 11 y 12 de junio de 1997.

  

Hector Becerra

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